En uno de los cursos que hice de PNL, una compañera, a la que prácticamente acababa de conocer, me dijo que yo era una persona complaciente. Manteníamos una conversación sobre el rechazo que sentimos ante determinadas personas que acabamos de conocer y de por qué se producia, yo alegaba entonces que tenía una particular forma de catalogar a las personas y era que intentaba ver en su interior y aunque lo que mostrara exteriormente no fuera de mi gusto totalmente, la aceptaba. Por eso ella se tomó la libertad de decirme eso. Yo, ante semejante acusación (ya que el significado lleva implícito algo peyorativo) me defendí como hago casi siempre, osea, dije: "No lo he analizado, así que no lo sé".
Y no lo sabía.
De esto han pasado unos cuantos años y muchas experiencias con personas a las que de una u otra forma he soportado estoicamente. Y la conclusión a la que he llegado es que problablemente aquella compañera tuviera razón y yo sin saberlo me comporto de una manera complaciente con muchas personas. Analizando esto, se explicaría porqué me siento muy cansada o muy harta cuando hablo con determinadas personas. He debido crear un hábito y eso me está pasando factura.
El hecho de ser complaciente me lleva a no poner los límites necesarios cuando hay que hacerlo, por miedo en todos los casos, a hacer daño. Eso lo tengo claro, y claro, se produce el abuso, el abuso que yo hago de mí misma.
Por otro lado, soy una persona que creo que hay que escuchar a los demás, ya que siento hacia ellas una compasión que no sé por qué me obliga a hacerlo.
Quizá y sin yo saberlo saque de ello algún tipo de satisfacción. Problablemente sea mi forma de ayudarles y eso me haga sentirme bien.
Yo soy una persona que no creo en el altruismo. No porque no se produzca, sino porque todo acto altruista se hace por obtener una recompensa interna, casi siempre oculta, no consciente. Por eso no creo en los sacrificios. Sí es cierto que hacemos muchas cosas que no queremos hacer, pero siempre, si lo analizamos bien, es porque nos reporta algún beneficio, lo que pasa es que esto requiere de un añálisis muy profundo y no creo que la mayoría de las personas estén dispuestas a realizarlo.
Lo que voy a hacer a partír de ahora, es ser más consciente de cuándo lo hago por puro placer y cuándo lo estoy haciendo por costumbre, y así , no abusaré más de mí misma.
El respeto a uno mismo es muy fácil de perder, cuando se és muy sensible, sobre todo a las necesidades de los demás. Y éstos que en su mayoría no son conscientes de lo egoístas que pueden llegar a ser, se acostumbran a tener a alguien que les ayuda cuando lo necesitan y ya está.
Pocas veces valoran a esta persona en lo que realmente vale. Y, las palabras de agradecimiento se quedan en eso, en palabras.
Para respetarse a uno mismo hay que hacer un ejercicio muy profundo para averiguar nuestras creencias y hacernos conscientes de lo que nos han programado desde niños, de lo que hemos ido adquiriendo con los años y de lo que nos ha interesado creer por comodidad, o por miedo, o por necesidad.
Las creencias están ahí, esperando salir a la superficie y ser reemplazadas por otras . Tenemos creencias que nos potencian y que nos hacen ser mejores y otras que nos limitan y nos hacen ser desgraciados.
Casi nunca hacemos balance de creencias y así nos pasa, que nos pasamos la vida culpando a otros de lo que sólo nosotros somos responsables.
Por eso voy a revisar y a hacer balance de creencias porque debe de haber alguna por ahí que me está fastidiando más de lo debido y no me he dado cuenta hasta ahora. En fin que complaciente o nó la verdad es que siento un gran respeto por mí misma y quiero seguir trabajando cada día para no perderlo.
No sé qué pensareis vosotros..........
totalmente de acuerdo cariño
ResponderEliminar